“Si, la cultura salva. Es decir si la cultura es sólo arte, o es sólo instituciones de elite, no salva. Si la cultura, es lo que somos: una mezcla de identidad, paisaje, medioambiente, capacidad de construir un nosotros, los rituales, las formas de vestir, de amar, todas las formas del arte, los oficios, las artesanías. Entonces, en ese sentido salva, de qué salva? Primero salva de la locura, porque en los peores momentos, si vos no tenés forma de representar lo que sentís, te enfermás. Lo dejás en el cuerpo y la cultura te salva de la muerte en el sentido de que podés trasladar una pasión a un baile, una furia a una tarde en una bailanta en donde sacás todo el odio y la furia de tu propia
postergación. La cultura te salva de estar solo.”
Chiqui Gonzalez
Algunas consideraciones sobre el concepto de cultura
La cultura es un conjunto de valores, normas y prácticas adquiridas y compartidas por una pluralidad de personas. Es una construcción social, colectiva, histórica y situada, y por eso no podemos hablar de una cultura sino de culturas, en plural.
Sin embargo, esta definición teórica no es la que más circula en la práctica cotidiana. Si preguntáramos al azar qué prácticas se asocian con la cultura, nos encontraríamos con respuestas vinculadas a la expresión artística: con el desarrollo de los estados la cultura se institucionalizó como parte del aparato estatal a cargo de la gestión del universo de las artes. Se defendió entonces la autonomía de la cultura, haciendo crecer el aura de exclusividad que rodea a las bellas artes y limitando así la cultura para unos pocos sectores de la sociedad (permitiendo desarrollar la creencia de que algunos sectores son cultos, otros no lo son; algunas actividades son cultas y otras no, etc.)
La idea de cultura como arte, creación, producción, carga al término de un campo semántico idílico y positivo, y lo aleja bastante de la realidad.
Si recuperamos la idea de que la cultura es una construcción social y colectiva, ¿cómo podrían ser “incultos” algunos miembros de la sociedad?
Victor Vich es un teórico peruano que plantea la necesidad de “desculturizar la cultura”. Esta es la perspectiva desde la cual abordaremos el concepto.
Vich propone repensar el concepto de cultura superando esta visión positiva para aceptar que la cultura también son los vínculos humanos y la manera en la que estos han quedado organizados dentro de una sociedad. Lejos de entenderla como una instancia encargada solamente de simbolizar lo existente, la cultura debe concebirse como un dispositivo que contribuye a producir la realidad y que funciona como un soporte de la misma. En ese sentido, entendemos la cultura no tanto por las imágenes que representa sino por lo que hace: producir sujetos y producir (y reproducir) relaciones sociales. La cultura es aquello que producimos, pero también es eso que nos produce, es el contexto en el que nacemos, la educación que recibimos, las prácticas que internalizamos.
Tenemos, entonces, que enfrentarnos a la idea de la cultura como algo negativo, como palabra densa, que hace tensión entre la capacidad que tenemos los seres humanos de producir y la forma en que las estructuras sociales nos producen. Si tenemos sociedades profundamente machistas, autoritarias, corruptas, es correcto decir que tenemos culturas profundamente machistas, autoritarias, corruptas.
Desculturizar la cultura, entonces, es la propuesta de posicionar a la cultura lejos de los debates estrictamente culturales o culturalistas, entendiendo que la cultura no es un campo autónomo sino transversal a la construcción social. Se trata entonces de librar a la cultura de su significado y de su vínculo con el mundo de las bellas artes para volverlo a ligar con la vida: si la cultura es aquello que regula los vínculos al interior de una sociedad, entonces cultura es todo. Lo bueno y lo malo.
Limitando la cultura a las bellas artes, se limitó también el acceso a ella. Como decíamos al comienzo, se consolidó la idea de qué es “lo culto” y quienes los que pueden participar de ello. Se adjudicó la cultura a una clase hegemónica, poderosa y alejada de las clases populares (y las culturas tradicionales se folklorizaron, se cristalizaron como parte de un pasado romantizado, pero eso es otro tema). Como si no hubiese cultura fuera de las clases dominantes. Sin embargo, la cultura en tanto expresión, tradición y demás existe también ahí.
Sobre la Cultura comunitaria
Datos extraídos de Cultura Comunitaria en la Argentina, 2017 (SiNCA, Puntos de Cultura y Ex- Secretaría de Cultura de la Nación)
La Cultura Comunitaria es, entonces, el conjunto de las expresiones artísticas y culturales que surgen de las comunidades, a partir de su cotidianeidad y la vivencia en sus territorios. Pero también son las formas en que estas expresiones son producidas, mostradas, transmitidas. Son las relaciones horizontales que las sustentan, los encuentros que las sostienen, los debates que la nutren y las redes de colaboración que se tejen en la acción.
En 2017 se realizó en Argentina una Encuesta Nacional de Consumos Culturales.
Una de las primeras preguntas de la encuesta proponía siete definiciones cerradas y excluyentes de lo que es la cultura, para que lxs encuestadxs eligieran solo una.
Los resultados mostraron que la respuesta más elegida fue la opción “Hábitos, costumbres y comportamientos” y, en segundo lugar, “La tradición y la historia” e “Información, estudiar, conocer”. Esas son las acepciones más comunes de “cultura”.
Estos resultados se discriminaron para estudiarse un poco mejor, y muestran que la definición de cultura más elegida por las personas que no participan de ningún espacio u organización comunitaria fue “La tradición, la historia”. Para esta gente, la cultura es aquello que viene dado, que se recibe del pasado y se recuerda en el presente.
Entre quienes sí participan de este tipo de espacios, la opción más elegida fue “Hábitos, costumbres y comportamientos”.
Hay una diferencia grande entre estas dos concepciones.
“La tradición, la historia” pone el acento en lo heredado. La cultura vinculada a la idea de patrimonio. El patrimonio es una herencia: de valores, de sentidos, de relatos, que se transmiten de un modo vertical, de generación en generación, y que, por tanto, tienden a suponer una concepción lineal del tiempo, que va del pasado al presente. Con la herencia también se recibe el compromiso de una nueva transmisión. Esto conlleva una visión pasiva de las personas en la construcción de su cultura. Abona a la idea de que la cultura es “de los cultos” y ya viene construida, la mayoría de las personas solo la recibimos, la interiorizamos y la transmitimos tal cual fue recibida.
La opción de “Hábitos, costumbres y comportamientos”, en cambio, hace referencia al presente. “Hábitos, costumbres y comportamientos” son constructos más cercanos, arraigados en la comunidad por su propia práctica, no cargan con el peso inmutable de la herencia. Esta concepción está más ligada a la idea de Fratrimonio:
“El Fratrimonio nos habla, en principio, de una relación horizontal, derivada de la condición de pares, sean estos hermanos, amigos o vecinos. En segundo lugar, implica una dimensión explícitamente constructiva y sincrónica en el tiempo del “valor”, en el sentido de que “lo valioso” o “lo importante” no es algo que se hereda de un más allá, sino que se produce y se comparte en el aquí y ahora. No es algo trascendente, que está definido de antemano y que se recibe (con mayor o menor imposición). El Fratrimonio se revela como valioso en la inmanencia. Por lo tanto, su tiempo privilegiado es el presente, entendiendo el presente como lo concibe Henry Bergson, como un tiempo que tiene la facultad o la capacidad de contraer, es decir, de traer para sí al pasado y al futuro, dando lugar entonces a una convivencia particular de las tres temporalidades. De modo que, bajo esta concepción de presente, el Fratrimonio articula, a su vez, con las otras dos nociones.” (Beluzo, G., Bernardi, A. y Testoni, N. (2018). “Módulo 3: El patrimonio común: ¿'robo', 'herencia', 'deuda' o 'tarea'?" en el curso virtual Un museo común. Museos y Comunidades dentro del Programa Museos. Formación y Redes, dependiente de la Dirección Nacional de Museos, Secretaría de Cultura de la Nación.)
Pensar la cultura comunitaria junto con la noción de Fratrimonio nos permite, volviendo al comienzo, entenderla de forma desculturizada. La cultura comunitaria sucede allí donde el discurso hegemónico supone patrimonio cristalizado. Existe en el marco de otro tipo de vínculos sociales, y, del mismo modo, produce y sustenta este tipo de relaciones. Establece condiciones de posibilidad. Asume que la construcción de conocimiento, la regulación, la transmisión de saberes es colectiva. Resignifica también la noción del ser: si la cultura no se recibe de afuera sino que se crea, no somos por aquello que tenemos sino que somos en nuestros vínculos con los otros.
Cuando hablemos en este curso de Cultura comunitaria, no estaremos haciendo referencia al patrimonio que las personas comparten por herencia, sino a aquello que construyen juntas. Ese Fratrimonio que las une, que las encuentra, que surge de sus realidades y se Resignifica es un germen de creación. La cultura comunitaria, en tanto es presente y es con los otros, es dinámica. Y como es dinámica, es potencialmente transformadora, es la base para imaginar y crear nuevos mundos posibles.
En este marco, indagaremos sobre la relación que hay entre Cultura comunitaria y transformación social a partir de la siguiente premisa: La cultura comunitaria es la regulación de los vínculos que se construye de forma situada y transversal, persiguiendo y abrazando la posibilidad de soñar, de pensar y de generar iguales oportunidades de desarrollo para todos. Como dice Chiqui González, la cultura es el proyecto imaginante de una sociedad poderosa.
Gestionar un proyecto de cultura comunitaria implica, entonces, producir una perspectiva de conjunto que genere sentimiento de pertenencia y de propósito para quienes lo habitan. Que reúna sus expectativas, sus experiencias y sus voluntades para concretar acciones. Imaginación - memoria - poesía conforman un triple lazo con el que seríamos capaces de crear una cultura cambiante.

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